¿Qué es la hermenéutica?

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Hermenéutica: De la escucha a la sospecha

 

La hermenéutica como posibilidad de conocimiento se ha transformado, perfeccionado y profundizado de acuerdo al momento histórico en el que se desarrolla y el paradigma dominante definido en un periodo especifico, hecho que permite explicar las diferentes etapas de la hermenéutica, entre las cuales definimos:

 

  • La etapa teológica, la cual se corresponde a un primer estadio de la sociedad y que puede ubicarse tempo-espacialmente desde la antigua Grecia hasta la reforma. Esta etapa se caracterizó por el hecho de que en este periodo la verdad poseía un carácter reificado, divino, mágico-religioso, orientada a comprender el mensaje de los dioses para transmitirlo al lego quien lo recibe con fe, es decir, sin cuestionamiento.

 

  • La etapa racional, es aquella cuyo inicio se reconoce en el renacimiento, orientada a trastocar el pensamiento dogmático-religioso hasta entonces mantenido, dirigiendo la atención hacia la comprensión y explicación de los mensajes producidos por los seres humanos pues la verdad se concibe como un producto social a la cual se accede a través de la razón.

 

Es en esta etapa que se desarrolló la hermenéutica filosófica y científica que hoy conocemos, con postulados teóricos de pensadores como: Friedrich Carl Von Savigny, Friedrich Schleiermacher, Wilhelm Dilthey, Martin Heidegger y Paul Ricoeur, entre otros. Ahora bien, decidimos colocar nuestra atención en la propuesta hermenéutica de Paúl Ricoeur principalmente definida a partir de su obra “Freud: Una teoría de la interpretación” publicada por primera vez en 1965.

 

Allí Ricoeur definiría a la hermenéutica como la teoría de las reglas que presiden una exégesis, es decir, la interpretación de un texto singular o de un conjunto de signos susceptible de ser considerado como un texto.

 

Pero será el símbolo el cual se constituye como problema hermenéutico, pues el símbolo desde la perspectiva ricoeurtiana se presenta desde la polaridad, de un sentido manifiesto-sentido oculto, signos que ya poseen un sentido primario, literal, y que a través de este, remiten a otro sentido.

 

Por ello, para el autor “el símbolo es una expresión lingüística de doble sentido que requiere una interpretación, y la interpretación un trabajo de comprensión que se propone descifrar los símbolos” (Ricoeur, 1990, p. 12). Esta interpretación habrá de desarrollarse en el campo hermenéutico el cual es a su vez el lugar de los símbolos o del doble sentido y aquel donde se enfrentan las diversas maneras de interpretar.

 

Son estas diversas maneras de interpretar las que llevan a Ricoeur a la afirmación de que “no hay una hermenéutica general, ni un canon universal para la exégesis, sino teorías separadas y opuestas, que atañen a las reglas de la interpretación” (Ricoeur, 1990, p. 28). Pese a ello, categoriza los dos grandes ámbitos en lo que refiere a las teorías o perspectivas de la interpretación.

 

"Es necesario que nos coloquemos desde el comienzo frente a esta doble posibilidad: esta tensión, esta tracción extrema es la expresión más verídica de nuestra “modernidad”; la situación que se ha creado hoy al lenguaje implica esta doble posibilidad, esta doble solicitación, esta doble urgencia: por un lado, purificar al discurso de sus excrecencias, liquidar los ídolos, ir de la ebriedad a la sobriedad, hacer de una vez el balance de nuestra pobreza; por otro lado, usar el movimiento más “nihilista”, más destructor, más iconoclasta, para dejar hablarlo que una vez, lo que cada vez se dijo cuándo el sentido apareció nuevo, cuando el sentido era pleno; la hermenéutica me parece movida por esta doble motivación: voluntad de sospecha y voluntad de escucha; voto de rigor y voto de obediencia; somos hoy esos hombres que no han concluido de hacer morir los ídolos y que apenas comienzan a entender los símbolos (Ricoeur, 1990, p. 28)"

 

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Es decir para Ricoeur la hermenéutica oscila entre:

 

  • Una hermenéutica de la escucha, la cual se concibe como manifestación y restauración de un sentido recibido como un mensaje, recolección y restauración del sentido que tendrá como instrumento a la fenomenología, pues su tarea es desimplicar o explicitar a ese “objeto” de las intenciones diversas de la conducta, el discurso y la emoción.

 

  • Una hermenéutica de la sospecha, concebida como desmitificación, como una reducción de ilusiones, la cual:

"Comienza precisamente por la duda de que haya semejante objeto y que ese objeto pueda ser el lugar donde se invierte y convierte la objetivación intencional en kerygma, en manifestación y en proclama- Por eso esta hermenéutica no es una desimplicación o explicitación del objeto, sino un arrancamiento de la máscara, una interpretación reductora de los disfraces (Ricoeur, 1990, p. 30)"

 

No obstante, para Ricoeur no se trata entonces de elegir entre perspectivas hermenéuticas, por el contrario:

 

Una teoría de la interpretación tendría entonces que dar cuenta no sólo de la oposición entre dos interpretaciones de la interpretación, una como recolección del sentido, la otra como reducción de las ilusiones y mentiras de la conciencia, sino también de la fragmentación y dispersión de cada una de estas dos grandes “escuelas” de la interpretación en “teorías” diferentes y aún ajenas entre sí  (Ricoeur, 1990, p. 30).

 

Ahora bien, siguiendo a Ricoeur asumimos que una teoría de la interpretación debe estar constituida de los dos grandes campos interpretativos la sospecha y la escucha. No consideramos a la sospecha y la escucha como categorías ajenas y antagónicas entre sí, por el contrario, la sospecha y la escucha se definen como categorías dialécticas, constantemente generadoras y propulsoras la una de la otra.

 

Desde esta perspectiva, toda sospecha es producto de una escucha previa que lleva a sospechar, pero a su vez toda sospecha es generadora de escucha, con lo cual el acto hermenéutico se inicia con una sospecha que lleva a la escucha o con una escucha que lleva a la sospecha, pues la reconstrucción del sentido nos lleva a sospechar de este. La sospecha del sentido nos orienta necesariamente a la reconstrucción del mismo, proceso en el que el sujeto hermeneuta –es decir aquel que busca la verdad- en el acto hermenéutico a su vez escucha y sospecha, reconstruye el sentido y lo desmitifica.

 

Bibliografía:

Ricoeur, Paúl. (1990) Freud: Una interpretación de la cultura. Siglo XXI Editores, México.

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