17 dificultades que enfrentas al crecer como una persona tranquila. ¡El #11 me desespera mil!

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Si bien tener problemas por como eres físicamente suele crear ciertas dificultades con las que llegas a aprender a lidiar, cuando se trata de tener problemas por la forma de tu personalidad estos suelen volverse mucho más complicados. Hay ocasiones que la gente a tu alrededor trata de hacer que cambies, cuando en muchas ocasiones esto suele ser toda una descortesía por ni siquiera considerar que realmente no tienes ningún problema por ser como eres.

 

La gente tranquila e introvertida suele tener que lidiar muchas veces con varias ideas erróneas que la gente llega a tener, y de entre las cuales seguramente si eres una persona tranquila ya has tenido que lidiar con estas anteriormente.

Fuente: videismo.net

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1.

Tus padres se preocupaban si tenías algún problema. Aunque deberían haberte agradecido el ser alguien tranquilo.

2.

Las personas que no te conocían muchas veces tenían la impresión de que eras alguien creído.

3.

Tus profesores solían decirle a tus padres que no eras una persona "socialmente comprometida" o alguna cosa parecida.

4.

Y en ocasiones pensaban que no tenías idea de que estaba pasando en clase (muy a pesar de que tus notas demostraran lo contrario).

5.

Por lo general eras la última persona a la que elegían en la clase de educación física, a veces porque ni se daban cuenta que estabas presente.

6.

Y varios de tus compañeros asumían que eras una persona aburrida, aunque probablemente eras la persona más interesante de la clase.

7.

Odiabas el momento en que el profesor decía que se tenían que dividir en grupos.

8.

Y esperabas que nunca te nombrara para exponer o explicar algún tema porque "no habían sabido de ti ya hacía un tiempo."

9.

Y cuando participabas en clase, parte de tí agonizaba cada vez que alguien decía que "levantaras la voz."

10.

En ocasiones tus tareas o calificaciones llevaban anotaciones que decían que tenías que "participar más en clase."

11.

La gente a veces se preocupaba por saber si te encontrabas "bien", a pesar de que para ti estar bien significa otra cosa distinta.

13.

La gente se sorprendía al escucharte hablar.

14.

Te preocupaba que la gente no te entendiera al momento que decidías hablar.

15.

Y te desesperabas para esperar el momento perfecto para hacer una observación inteligente.

16.

Aunque no hay nada que te desespere más que cuando la gente decide abrir la boca en los momentos más inapropiados.

17.

Y siempre sufrías las "observaciones sarcásticas" de lo "mucho que hablabas".

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